Home
B3 Classic

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 ABSTRACT

 

Melancolía, madurez, serenidad, calma otoñal. Son algunas características que suelen atribuirse a la música de Brahms y Bruch, dos compositores a contracorriente, en una época convulsa en  muchos aspectos.

 

Tuvo que ser –paradojas de la vida – el mismo Schoenberg quien revelara la ‘actualidad’ de Brahms (recordemos su ensayo titulado “Brahms, el progresista”) frente a los que denunciaban su anacronismo. En su Trio Op. 114 encontramos  la constitución estructural, lírica y expresiva que caracteriza toda su música.

 

Bruch sigue a día de hoy eclipsado por compositores coetáneos como Mendelssohn o el propio Brahms, a pesar de lo cual fue justamente valorado en su época por público e instituciones musicales. Una cierta crisis existencial le acompañó en sus últimos años, con el telón de fondo de la primera gran guerra y la renovación estética que ‘desmorona’ todo a su mundo conceptual. En sus últimos años se exilió de Europa, desembarcando en New York junto a Tchaikovsky y Dvorak.

 


PROGRAMA DEL CONCIERTO

 1ª parte (40 min. aprox.) Max Bruch. Ocho piezas Op.83.

2ª parte (35 min. aprox.)  Johannes Brahms. Trio en La menor Op. 114

 

 

MAX  BRUCH Ocho piezas Op.83

 

En la época en la que murió el compositor alemán Max Bruch, a finales de 1920, Stravinsky se hallaba en la cima de sus éxitos, Schoenberg estaba inmerso en su música dodecafónica, Bartok había compuesto sus primeros dos cuartetos de cuerda y la música micro-tonal había dado sus primeros pasos firmes. Bruch no se relacionó sin embargo con ninguna de estas estéticas. Como compositor siempre se mantuvo ligado a la tradición, en el estilo de Brahms. Bruch fue un detractor de la 'locura moderna’ y de los ‘modernistas’ como Strauss, Reger, Debussy y otros, y sintió gran amargura al comprobar cómo la música se iba alejando de esa tradición que él veneraba, en aras de las nuevas tendencias.

 

Una de las obras más particulares de su creación musical es su ‘Doble Concierto en Mi menor para Clarinete, Viola y Orquesta, Op.88’, escrito a finales de 1911 y estrenado en marzo de 1912. En esta obra, así como en las `Ocho Piezas, Op.83'  su hijo, Max Felix (a quién dedicó la partitura) iba a tener un papel clave. Max Felix era un clarinetista dotado - su manera de tocar incluso fue comparada con la de Mühlfeld, el clarinetista amigo de Brahms- por lo que podemos afirmar que Bruch conocía de primera mano las posibilidades técnicas y expresivas del clarinete. Sin embargo, desafortunadamente, hoy en día esta obra se interpreta en raras ocasiones.

 

En las ‘Ocho Piezas Op. 83’ Max Bruch seleccionó de nuevo los mismos instrumentos -clarinete y viola- caracterizados por su aterciopelada sonoridad y tesitura media. Se considera 1910 como la fecha oficial de composición de estas piezas y de hecho, Simrock publicó la obra ese mismo año, al poco de ser completada (editándose también  partes para el violín -en lugar de clarinete- y el violoncello -sustituyendo a la viola-). Sin embargo, el germen de la composición comenzó realmente unos dos años antes, teniendo Bruch ya entonces un borrador con gran parte de la obra. Hoy en día, las ‘Ocho Piezas Op.83’ se escuchan generalmente en una de estas dos combinaciones: Clarinete-Violoncello-Piano, o Clarinete-Viola-Piano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Max Bruch

 

 

Bruch, como es natural, conocía las obras anteriores consagradas a dichas combinaciones instrumentales y era por tanto sabedor de las ricas posibilidades sonoras de éstas. Nos referimos -como no- en especial al trío ‘Kegelstadt’, de Mozart, los ‘Cuentos de Hadas’ Op.113 de Schumann, y al trío Op.114 de Brahms. Como resultado, Bruch nos ofrece este grupo -que no ciclo- de ocho piezas. Cada pieza es una unidad autónoma, no habiendo dado Bruch ninguna indicación en el sentido de posibles ordenaciones.

 

Esta obra ocupa un lugar muy relevante en la producción musical de Bruch por dos razones principales:

 

a)     representó una vuelta exitosa del compositor a la música de cámara muchos años después de su segundo cuarteto de cuerda, siendo la primera de una nueva serie de interesantes obras dedicadas a este género.

b)     con esta composición podemos considerar que Bruch entra en la etapa final de su vida. A partir del abril de 1911 se retiró de sus deberes oficiales, ya con 73 años.

 

Nos hallamos, en definitiva, ante una de las creaciones camerísticas más valiosas y singulares del tardo-romanticismo a la que ‘B3 Classic Trio’  espera, tras su reciente grabación (publicada en febrero de 2010 con Diverdi), dar un impulso a su mayor presencia en las salas de conciertos.

 

 

 

 

JOHANNES BRAHMS Trio en La menor Op.114

 

El trío Op.114 para clarinete, violoncello y piano de Johannes Brahms es una de las obras fundamentales de la literatura camerística. Las creaciones de madurez de Brahms van a estar ligadas en muchos casos a las extraordinarias trayectorias como intérpretes de cuatro grandes músicos de la época: el clarinetista Richard Mühfeld, el violinista Joseph Joachim, el violonchelista Robert Hausmann, y el director de orquesta Hans von Bulow. En 1869 Joseph Joachim (1831-1907) fundó su cuarteto de cuerdas, que rápidamente se hizo célebre. Fue el dedicatario del primer concierto para violín de Bruch así como de varias obras de Johannes Brahms, entre ellas el concierto para violín, op.77 (1878) y el Doble concierto en la menor para violín y violoncello Op.102, de 1887. Es en este famoso cuarteto donde tocaba el violoncellista Robert Haussmann (1852-1909), profesor –como Joachim- de la Real Academia de Música de Berlín en esta época.

 

El festival de la ciudad de Meiningen, al igual que el de Bayreuth, atraía a notables músicos. En noviembre de 1881, Brahms fue reclamado por el director de la orquesta de Meiningen, Hans von Bülow, como invitado del Duque de Sajonia. La amistad entre el Duque y Brahms fue inmediata y las visitas de éste a Meiningen fueron frecuentes a partir de entonces. Bülow ofrece a Brahms su orquesta para ensayar sus nuevas obras. Fritz Steinbach, sucesor de Hans von Bülow  al frente de la orquesta, le presentó a Richard Mühlfeld, clarinetista de la orquesta, en marzo de 1891. Ese mismo mes Brahms escribe a Clara Schumann: “es imposible tocar mejor el clarinete que del modo en que lo hace el Sr. Mülhfeld”.  Brahms, que había decidido abandonar la composición alrededor de 1890, y que sin duda había escuchado a los grandes clarinetistas europeos en sus viajes, se ve espoleado por el arte de Mühlfeld, al que llamaba amistosamente “Fräulein Klarinette” o “Meine Primadonna”.

 

El verano de ese mismo año de 1891, en Bad Ischl, Brahms compone su trío Op.114 y su quinteto Op.115, ambos con Mühlfeld como destinatario. Ese mismo  julio escribía de nuevo a Clara Schumann: “es el mejor intérprete de viento que conozco”. El trio sería publicado en 1892 por su amigo el editor Fritz Simrock, en Berlin. En noviembre de 1891 Brahms es invitado a Meiningen, donde el día 24, tras los ensayos desde los manuscritos, se realiza la primera audición privada de la obra –junto con el quinteto Op.115- en la corte del Duque de Sajonia, Jorge II. Los intérpretes son Brahms al piano, Mühlfeld al clarinete y Robert Hausmann al cello. Los mismos músicos llevaran a cabo el estreno público del trío opus 114 el 12 de diciembre de ese mismo año en Berlín.

 

 

Brahms and Hausmann 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 La respuesta del público berlinés desde el primer instante es ya triunfal tras el ensayo general del 10 de diciembre de 1891. El 17 de diciembre, Brahms, Adalbert Syrinek al clarinete y Ferdinand Hellmesberger al cello dieron la primera interpretación de la obra en Viena, a la que seguiría otra más en la misma ciudad (21 de enero de 1892), de nuevo con Brahms, Mühlfeld y Hausmann. El 30 de enero de 1893 es de nuevo  interpretado por Brahms en Meiningen. Desde entonces el  trío Op.114 se ha visto incorporado en un lugar de honor al canon camerístico, particularmente en los tríos de esta formación instrumental. Teniendo en cuenta que todavía era normal la rápida sustitución de obras ya escuchadas en el repertorio de los conciertos, el que –como hemos visto- en el plazo de un mes se interpretara por dos veces el trío en Viena, da  idea de la buena recepción que tuvo entre el público.

 

Las primeras noticias de una grabación de nuestro trío Op.114 nos refieren a las realizadas en Londres por Charles Draper en 1925 y por su sobrino, Haydn Draper al clarinete, junto con W.H. Squire (violoncello) y H. Harty (piano), en 1926, para el sello Columbia. Reginald Kell, junto con Anthony Pini y Louis Kentner realizó una grabación en 1941 para Decca. Asimismo realizó una memorable grabación del quinteto Op.115 de Brahms, con el cuarteto de cuerda del famoso alumno de violín de Joachim, Adolf Busch.

 

De entre las grabaciones existentes de la obra  a partir de los años 40, son de destacar las realizadas por McLane/S. Hawkins/M. Kaye, el trio Beaux Arts (con G. Pieterson) y sobre todo la grabación en vivo realizada en 1955 en el marco del festival de Prades por P. Casals, E. Istomin y D. Oppenheim.

 

Brahms  encuentra su camino profundizando en el estudio riguroso del lenguaje de los maestros del pasado, para detectar las posibilidades constructivas que su música le ofrecía. Mucho se ha escrito acerca del supuesto anacronismo de la música de Brahms en relación a esta mirada a la tradición. Afortunadamente, la crítica e historiografía actual han enmendado esta visión que acompañó largo tiempo al compositor hamburgués (es preciso señalar aquí el ensayo de Schönberg llamativamente titulado “Brahms, el progresista” de 1933, revisado en 1947). Brahms cultivó todos los géneros instrumentales y vocales a excepción del teatro, mostrando además un abierto rechazo por la música de programa. Aparece pues como el depositario de la tradición clásico-romántica recogida desde Haydn a través de Schumann, tradición a la que le imprime su sello personal, pero al mismo tiempo aparece como referente del padre de la segunda escuela de Viena, con todo lo que ello supone de legado a gran parte de la música del siglo XX.